Cristóbal Hara y la imagen pura (Crónica de un taller) | BLANK PAPER

Cristóbal Hara y la imagen pura (Crónica de un taller)

Desde la escuela:

4/12/12

Cristóbal Hara y la imagen pura (Crónica de un taller)

 

“Jamás he ido a un taller en calidad de alumno. Es más, para la gente de mi generación, ir a un taller representaba una derrota en cierto sentido, porque significaba que no estabas trabajando”. Así arranca Cristóbal Hara su propio taller en BlankPaper Escuela Valencia. “Si estoy aquí hoy es porque como fotógrafo ya estoy en declive”, añade con una buena dosis de ironía.

Cristóbal Hara es un hombre tranquilo: habla sin prisa, pero tiene muy claro lo que quiere transmitir a sus alumnos, que beben con avidez cada palabra. “Los buenos fotógrafos siempre trabajan al límite, tanto físico como emocional. Todo está en función del trabajo. La  jornada de un verdadero fotógrafo nunca se acaba y así es como salen las buena fotos, en estas décimas de segundos en que te juegas todo, igual que un atleta”, señala con voz serena.

Éste es Cristóbal Hara, un fotógrafo discreto y provocador, el mismo que inventó de la nada un lenguaje fotográfico para retratar el mundo en color en una época en que lo artístico y lo documental sólo se concebían en blanco y negro.  El mismo que advierte: “En un año bueno como mucho consigo 12 fotos buenas. Si el año es regular, ese número baja a cuatro. Y si es malo, no saco ni una”.

Exigente, culto, humilde, generoso y dotado de sentido del humor, Hara anuncia que no va a enseñar su obra: “Si estáis sentados aquí, es porque ya la conocéis”. Prefiere analizar el trabajo de los participantes, llegados de distintas partes de España, y advierte antes de empezar: “A mí no me interesan tanto los buenos fotógrafos, sino los que encuentran un lenguaje propio. Y para conseguirlo, hay que trabajar solo y con una intensidad absoluta, durmiendo en la calle si hace falta, comiendo encima de una manta, en medio del campo o donde toque”.

Desde el primer trabajo, emerge el leitmotiv del taller: “Lo que más nos cuesta es separar la imagen de la literatura. Y eso es normal, porque formulamos nuestros pensamientos con palabras. Un fotógrafo siempre cuenta: ‘voy a hacer un trabajo sobre tal cosa’. Casi nadie dice: ‘voy a retratar esta o aquella luz, o voy a trabajar con este fondo porque es muy bueno’. Sin embargo, el paso más importante para un fotógrafo es separar la imagen pura de la literatura. Una vez que lo ha conseguido, puede poner etiquetas y llevar su trabajo hacia algún lado. Por eso nunca elijo un tema ni un lugar porque sí. Voy a sitios donde sé que puedo encontrar buenas imágenes, como los caballos salvajes, sobre todo porque me divierte, aunque luego sea difícil sacarlos de su contexto. En realidad, uso la cultura española no porque me interese especialmente, sino porque es un tema excelente para experimentar con el lenguaje fotográfico”, explica Cristóbal.

Hete aquí un tema para reflexionar y verter ríos de tinta. ¿Qué es la imagen pura? Es aquella, según Cristóbal, que tiene un valor propio como imagen independientemente de lo que quiere contar. “Y eso vale incluso para la fotografía de guerra. Hoy los fotógrafos de las agencias internacionales como AP o Reuters trabajan con un lenguaje estándar. De hecho, hay que mirar la firma para saber quién es el autor de cada foto. Ves una foto de Siria y no te acaba de llegar. ¿Por qué? Porque la imagen no funciona por sí sola, no es una imagen pura. Aunque sea el retrato de una realidad atroz, aunque esté en la portada de un periódico, no te llega”. ¿Y qué fotoperiodista hace imágenes puras hoy en día? “James Nachtwey lo hacía”, asegura.

La investigación del lenguaje visual es, sin duda, la característica constante en la obra de Hara. Su relación con la pintura es conocida. De hecho, en los dos días del taller Cristóbal recurre constantemente a artistas como Paul Cézanne, Paolo Uccello, Velázquez, Picasso los pintores holandeses y sus paisajes, Rothko y sobre todo a Robert Motherwell, su gran referente. Cuando muestra la obra de Georg Baselitz, confiesa: “En mi salón, tengo la foto de los caballos que está en la portada de ‘Autobiography’ colgada al revés, como si fuese un cuadro de Baselitz”.

El quid de la cuestión para él es cómo construir imágenes de una forma alternativa a la correcta. “Hoy es muy común cortar una imagen, pero en mi época era casi un tabú”. Hara explica que ha trabajado durante años dejando el centro de atención de una imagen al borde del encuadre o componiendo sobre el vacío.

Una y otra vez, Hara vuelve al concepto de la imagen pura, que utiliza como filtro a la hora de analizar el trabajo de los alumnos. “Una buena fotografía intenta transmitir emociones a través de elementos visuales. A mí me interesan las fotos donde el espectador tiene que meterse dentro y terminar de hacer la foto con sus emociones. Me gustan las imágenes emocionalmente fuertes”, explica al mismo tiempo que advierte: “No tenéis que hacer caso de lo que os digo. Yo nunca lo he hecho. Durante muchos años me han juzgado muy severamente y si me hubiese tomado en serio esas apreciaciones, habría dejado la fotografía o habría hecho otro tipo de fotos”.

También hace referencia a la resonancia universal de la fotografía. “Todo el mundo entiende la fotografía americana porque sabe relacionarla con ciertos referentes culturales. Yo quería hacer fotografía española en color. Y tuve que preguntarme: ¿qué imágenes de España tienen resonancia fuera?”. Será por esto que Cristóbal Hara es uno de los fotógrafos españoles más reconocidos en el extranjero, de los pocos que ha publicado con el prestigioso editor Steidl: precisamente porque dedicó tiempo a investigar qué imágenes podrían tener una resonancia fuera de las fronteras españolas.

Hara habla mucho de fotografía en su taller. Cita a William Eggleston, Saul Leiter, Peter Cornelius, Alejandro Sosa, Carlos Pérez Siquier y sus fotos de la Chanca, Carlos Garaicoa, Hiroshi Sugimoto, Bruce Gilden, Stephen Gill y sus abstracciones de ‘Coexistence’, y sobre todo a Ralph Gibson, cada vez que se habla de imágenes construidas de forma emocional. De Lee Friedlander dice: “Sus pesos visuales me ayudaron con el color”.

Para Cristóbal, la fotografía nos ayuda a entender el mundo. “Las imágenes de Agust Sander sirven para entender la Alemania de Weimar y el Nazismo; y las de Lartigue, para captar la esencia de la elite de su época, aunque Lartigue es un grande que supo experimentar con la magia de una nueva técnica”.

Sitúa la fotografía, entendida como imagen pura, por encima del fotoperiodismo. “Yo trabajo de atrás hacia adelante, no de adelante hacia atrás. Hago todo lo contrario de lo que hay que hacer en fotoperiodismo. De hecho, si me tocara cubrir una manifestación, iría mucho antes a explorar la zona para tener los fondos controlados y esperaría a que los manifestantes y los policías se pegasen en los fondos que yo he elegido”.

Cristóbal Hara y los fondos: un binomio indisoluble. Nos muestra la foto de la portada de su libro ‘Vanitas’ para explicar que primero eligió el fondo y luego esperó a que la protagonista de la foto pasara justo por delante para disparar. “Suelo ir a los mismos sitio durante muchos años. La primera vez fotografío lo obvio. Pero cuando vuelvo, busco fondos. Yo veo fondos y allí es donde encajo a mis sujetos”.

Otro elemento recurrente en sus libros es jugar con el espectador. “Me gusta mucho dar gato por liebre”, asegura mientras muestra el retrato de una mujer con el rostro empapado de vino.

Y al fin llegamos a uno de los puntos fuertes de su obra: la puesta en página, de la que se ocupa completamente solo, porque todo su proceso creativo es solitario. “Es muy importante fijarse no sólo en las dobles páginas, sino también en las páginas siguientes. Hay que pensar en el peso visual de cada doble con respecto a la siguiente”, revela Hara. “Hay relaciones menos obvias que al principio no las ves. Éstas son las que luego duran más”, añade el fotógrafo, que ha aprendido a dominar los secretos de la edición de forma autodidacta.

Hara insiste en que todo tiene que tener sentido tanto en una imagen, como en la edición. “En el diseño todo está en su sitio por una razón. Todo tiene que ser pertinente y no redundante. Y por supuesto, hay que evitar el sobre diseño”.

Cristóbal reconoce que produce para sus libros y nunca para un público específico. “Los libros tienen vida propia y llegan a mucha más gente de la que te imaginas”, asegura. Y cita el caso de Arte, el canal de televisión franco-alemán que le encargó un documental sobre las fiestas del Cascamorras, en Guadix (Granada), tras conocer su libro Vanitas.

Sobre el futuro de la fotografía, tiene claras dos cosas. Lo primero, que su lenguaje está a punto de pasar a la historia. “Yo sé que mis imágenes están situadas en una época que está pasando, no es el lenguaje de ahora. Las imágenes modernas tienen otro look. En la fotografía de moda se aprecian muy bien estos cambios. Antes se usaban cámara de placas para mostrar la exquisitez de las texturas usadas en alta moda. Frank Horvat marcó el cambio al introducir el 35 mm. en la alta costura. Ahora Jürgen Teller representa la nueva generación. Si queréis conocer las nuevas tendencias en fotografía, fijaros en la moda”, aconseja.

Lo segundo es el auge del audiovisual. “A lo mejor el futuro está en esta mezcla de video y fotos. Allí es donde debería concentrarse la investigación de los fotógrafos contemporáneos, porque el video está cambiando la forma de cómo el fotógrafo llega al hecho fotográfico”.

El taller concluye tras dos días intensos y emocionantes con una frase muy digna de él: “Ante la duda, no preguntes. Haz lo que te nazca desde dentro”.

Por Valeria Saccone

 

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