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YET Magazine destaca la labor docente de Blank Paper Escuela

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Con esta foto tomada en Charleston, muy de actualidad, os recomendamos el documental sobre Robert Frank en Filmin… https://t.co/1LO4nJRBau

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7/11/16

YET Magazine destaca la labor docente de Blank Paper Escuela

Yet Magazine nos destaca entre las 12 mejores instituciones educativas en fotografía y nos presentan como una comunidad en la que se produce un feedback constante, caracterizada por un pensamiento crítico único que trasciende al lenguaje fotográfico explorando otras disciplinas.

Os invitamos a leer el diálogo dirigido por Iván del Rey de la Torre, nuestro profe de Teoría del Arte y Lenguaje Audiovisual, con Antonio M. Xoubanova, David Hornillos, Oscar Monzón, Miren Pastor, José Otero, Federico Clavarino, Arturo Rodríguez y Fosi Vegue reflexionando sobre la educación fotográfica:

El pintor Joaquim Mir no era dado a tener aprendices a quienes enseñar el oficio, pero por compromiso accedió a pupilar al hijo de unos conocidos. A desgana enseñaba al joven mientras salía al campo a pintar. Cuentan que un día buscó el paisaje más feo que pudo encontrar (e incómodo pues se trataba de un terraplén) y le dijo al joven que decidiera qué pintar, que colocara el caballete y que le avisara. Como todo era anodino, después de subir y bajar varias veces, el alumno plantó el caballete en un sitio cualquiera y llamó al maestro; éste cuando llegó dijo: muy bien, y dando un giro de 180 grados al caballete continuó: pues vas a pintar justo el contracampo, total da igual, pintes lo que pintes el motivo no importa porque eres tú el se proyectará sobre él.

La anécdota de Mir nos cuenta la esencia de la enseñanza de actividades creativas, el hacer al alumno ver el camino propio a seguir, el descubrirse a sí mismo, el ser consciente de que todo parte de él; interesante clase magistral pero, ¿no supone también una proyección de la idea que Mir tiene del Arte sobre el propio alumno?, ¿no supone también una proyección de Mir sobre el aprendiz? Ese es siempre el dilema, el peligro y la grandeza a la vez. El alumno ha de proyectarse sobre su trabajo y el profesor se proyectará sobre el alumno, es inevitable. El equilibrio entre dejar aflorar y proyectarse es el ideal. Por otro lado, que Joaquim Mir no tuviera pupilos a su lado hizo que se perdiera un espectáculo: ver los ojos de lechuza que se le quedan a los alumnos cuando un profesor cuenta con pasión algo que les emociona. 

Mi primera experiencia docente en Blank Paper fue una clase de tres horas de sustitución, hace casi diez años; Fosi Vegue tenía un compromiso y me invitó a sustituirle; yo le dije que no me iba a dar tiempo a preparar una clase de fotografía y él me dijo que no hacía falta que les hablara de fotografía. Haciendo un collage de asuntos que tenía recientes, elaboré una clase con el tema "el tiempo en lo audiovisual" y llevaba preparadas una retahíla de excusas por si los alumnos me decían que ellos iban a una escuela de foto y querían aprender foto. Durante la clase iba justificando fotográficamente lo expuesto, diciendo cómo un determinado tratamiento del tiempo en cierta película era similar a la manera de trabajar de cierto fotógrafo, o cómo un desglose de planos nos podía ayudar a hacer una edición fotográfica; pero no hubiera hecho falta, los ojos de los alumnos iban creciendo por momentos, ya estaban acostumbrados a referentes diversos y ya tenían una visión crítica. Entre los alumnos estaban Víctor Garrido, Arturo Rodríguez y Michele Tagliaferri; un tal Federico Clavarino ese día no pudo ir a clase. Hoy todos ellos son figuras clave de la fotografía en España, mis compañeros de trabajo y mis maestros, porque más de una vez han hecho que crezcan mis ojos de la misma manera que en esa primera clase hice yo que crecieran los suyos.

Cuento mi primera experiencia en la escuela porque creo que resume bien lo que, a mi entender, son sus tres singularidades: el trascender el lenguaje fotográfico al enseñar fotografía adentrándose en otras disciplinas, el ser una comunidad que se retroalimenta y el tener un carácter crítico. Pues bien, como se verá a continuación, esos tres ejes serán la esencia de la conversación que sigue.
Antonio M. Xoubanova, David Hornillos, Óscar Monzón, Miren Pastor, José Otero, Federico Clavarino, Arturo Rodríguez y Fosi Vegue reflexionan sobre la enseñanza de fotografía desde este rincón de Madrid. Son profesores y exalumnos (Clavarino y Rodríguez son las dos cosas y Pastor, ahora coordinadora, ya cuando era alumna empezó a colaborar en asuntos organizativos).

Miren Pastor: Llegué a Madrid con mis prácticas de escultura. No conocía a nadie y hacer cursos fue una buena manera de empezar haciendo amigos, hasta que di con Blank Paper. De alguna modo encontré mi familia y descubrí mi pasión. Hay gente que tiene súper claro qué quiere hacer, en mi caso fue más un “encontronazo” y gracias a Fosi descubrí el universo del lenguaje visual y todas las puertas que te puede abrir la fotografía.
La escuela era un pequeño aula en un local del barrio de Lavapiés, no era una escuela al uso, pero se cocía algo muy especial. El primer día del curso, se presentó Fosi diciendo “este es mi teléfono, llamadme para lo que queráis, cuando queráis, para cualquier duda que tengáis, aquí estoy”. Te quedabas pensando “¿dónde me he metido?” Yo llegué al segundo año de la Escuela y lo bueno es que era muy familiar, nos conocíamos todos los profesores, los alumnos… y una cosa curiosa es que todos nos convertimos en amigos. El espíritu familiar es algo que siempre se ha intentado mantener. 
El segundo día teníamos que enseñar una selección de nuestras mejores fotos. Y ahí te das cuenta ahora de lo cañero y macarra que podía ser Fosi. Llevabas tus fotos con toda tu buena intención y Fosi decía pasa, pasa, pasa, y cuando veías que ni siquiera merecían comentario, te morías por dentro de la vergüenza. Pero claro, luego al valorar sus explicaciones, el análisis de autores y de los libros, veías hacia dónde te quería encauzar. Valorabas lo que tú habías traído y te dabas cuenta que obviamente se podía hacer mucho mejor. Había que aprender a digerir los comentarios, intentar no estar a la defensiva y abrirse de mente para poder asimilar toda la gran cantidad de nombres y contenidos que era capaz de soltar Fosi en tres horas de clase. Aunque la clase solo duraba 3 horas, se llegó a convertir en la cosa más importante de la semana. 

En mi caso llegaba de Bellas Artes, experimentando y pensando en proyectos, pero con poco contacto con el mundo real. Y en la Escuela recibí el primer golpe de realidad, Fosi nos hizo espabilar y ver que las cosas se pueden conseguir pero que cuestan mucho.
A veces hace falta que no todo sean palmaditas en la espalda y que alguien te diga que no vas por el buen camino. Cuanto más tiempo tardes en darte cuenta menos capacidad de maniobra tienes y es necesario tener una opinión crítica presente. Guiarte hacia lo qué estás haciendo bien, analizar la parte que está mal y ver hacia dónde se puede encauzar esa mirada, gracias a ello he conseguido avanzar. 

Oscar Monzón: Cuando Fosi montó esto lo que ya se enseñaba en los institutos y academias era pésimo y ahora todavía es peor. Viendo cómo va el panorama, tristemente todo tipo de educación visual va a estar fuera de la enseñanza reglada. Y la fotografía debería ser obligatoria en las escuelas públicas infantiles, al igual que la filosofía, la literatura o el cine... 

Y es que la Escuela comparte con el colectivo Blank Paper el haber nacido con una actitud crítica no sólo al panorama de la fotografía española del momento si no también a la enseñanza de ésta. Queda ya lejos la época en la que en los carteles publicitarios se podía leer “fotografía documental”, de la misma manera que también ha quedado obsoleto el término, pero en su momento fue un intento diferenciador frente a escuelas de corte técnico. A mí, que nunca he sabido diferenciar la “fotografía documental” de la “fotografía artística”, siempre me resultó incómodo el término, pero con el tiempo fue desapareciendo.
El documentalismo en un principio era lo que más vendía la Escuela, y de repente fue lo contrario. La palabra desapareció, hubo un cambio muy radical porque la concepción del término ha cambiado mucho. Utilizabas “fotografía documental” y eso hacía entender por un lado que era una cosa seria, que trabajabas en profundidad sobre algo que no era ni fotoperiodismo ni publicidad, ni cosas así. Le daba como un punto más creativo y más profundo. Luego se terminó convirtiendo en lo contrario, lo documental era algo que negaba la posibilidad de crear un mundo totalmente ficticio. En el fondo todo lo que puedas hacer con imágenes es mucho más amplio y lo estabas limitando. Ahora hablas de fotografía documental y es como que está pasado de moda, pero muchos de los libros de los que nos nutrimos son fotografías que están documentando una época también. De repente Cartier-Bresson es tremendo y al día siguiente todos le quieren matar, es un poco eso lo que ha pasado al final con los clásicos también. Y supongo que el siguiente paso ya será que ni siquiera se hable de fotografía. Serán escuelas de artes visuales o imagen o algo un poco más abierto, en torno a la creación contemporánea.

Entre los profesores de la Escuela siempre han estado presentes los miembros del Colectivo Blank Paper y, de una manera u otra, el resto de la plantilla ha llevado en paralelo a su actividad docente sus proyectos personales de creación. Cuando se habló de Mir se utilizaron los términos “maestro y aprendiz” y aunque hoy pudiera sonar a “aprender un oficio” ¿no es el momento de reivindicar esta relación y olvidarnos por un momento del dúo “profesor-alumno”? ¿no puede ser la creación un oficio? ¿Qué diferencias hay entre los profesores de hoy y los maestros del pasado?

David Hornillos: para mí fue importante que los profesores que tuve fueran autores. Porque había mucha más empatía y como alumno me sentía más cercano a ellos. Resultó más fácil en ese sentido. Ves un espejo, una forma de trabajar, no es un profesor que no ha hecho un proyecto en su vida, o que no está en ese momento caminando contigo, él con su proyecto y tú con el tuyo. 

Óscar Monzón: Cuando estás explicando algo en clase y ves a alguien realmente motivado, te emocionas, pierdes la noción del tiempo y te da igual estar horas editando, porque es algo que te gusta hacer. Ayudar a los alumnos de alguna manera te entrena ti mismo también para luego aplicarlo en tu proceso. A veces entras en un ciclo y las propias clases agilizan también tu método de trabajo.
Ahora la gente cada vez llega con mejor nivel, por tanto es más exigente dar clase y cada vez tienes que estar más abierto y tener referentes de un montón de cosas no sólo fotográficas. Antes enseñar un libro y decir que dos fotos juntas podían significar algo, a la gente le maravillaba, algo que jamás antes se habían planteado, pero eso mismo ahora ya empieza a sonar un poco obsoleto.
Es bueno, sobre todo también para nosotros los profesores porque te obliga a espabilar y no quedarte toda la vida pensando “como ya sé hacer libros, sé leer libros, estoy un poco pendiente de los nuevos que salen y ya está”. En eso no consiste dar clase. 

Federico Clavarino: Una de las cosas más bonitas en esta Escuela es que puedes tener delante en clase a alguien que tiene más conocimientos que tú porque tiene mejor memoria o ha estudiado más. Ahí es cuando hay que tener la humildad de saber que estás ahí para compartir conocimientos y que otros pueden hacer lo mismo contigo. El profesor, como un director de orquesta, lleva el ritmo de la clase y tiene la confianza de trasmitir lo que cree y lo  que piensa.



José Otero: Puedes llegar a transformar sus vidas, aunque suene grandilocuente, por los conocimientos que les has dado, y no lo digo sólo para la gente que haga fotos si no para los que simplemente lo utilicen para ver el mundo con mayor consciencia.
Pero claro, aquí entra en juego la proyección de Mir sobre el aprendiz, la del profesor en el alumno. ¿Cómo no ser una fábrica de clones?

Antonio M. Xoubanova: Como profesor lo que tienes que intentar es dejar un poco a un lado tu manera de ver las cosas para ponerte en la piel de la otra persona. Es la única forma. Es muy fácil llevarte al estudiante a tu terreno, pero lo interesante es que te intentes adaptar a cada alumno y eso en realidad te enriquece, ponerte en los problemas de otros e intentar solucionarlos como no sueles solucionarlas tú. 
Creo que en esta Escuela nunca se plantean las cosas en ese término, no se habla de esto es lo que tienes que hacer o no hacer, si no es más intentar adaptarte tú a lo que él quiere hacer , que vaya generando discursos y que tengan que ver con él mismo. Ese es el objetivo.



Óscar Monzón: El exceso de paternalismo creo que es algo que ha existido pero que ya se ha superado. Ahora los alumnos son más variados y tienen propuestas muy diferentes al propio criterio de los profesores. Y esto se ha perdido gracias a la rotación de los profesores evitando un único tutor, y aportando voces distintas en el proceso creativo. Planteas unos temas y vas dando unos guiones pero ahora es más hablar en conversación de tú a tú no tanto de profesor al alumno, porque hoy en día tienen mucha información, más que yo casi porque se manejan de otra forma. Cuando encuentras un buen alumno y te pones ahí a trabajar con él, corres el peligro de que se convierta en un clon tuyo pero creo que eso ya no pasa aquí. 

David Hornillos: Claro es que estás guiando a un alumno en un trabajo que es suyo, que no es tuyo. Tienes que entender a ese alumno.



Óscar Monzón: El reto está en que tú no les des ideas sino que les enseñes a tener ideas. Al principio está bien enseñarles de dónde las tienen que coger, pero luego tienen que aprender a investigar y cómo fluir con el resto. Antes escuchaba “los alumnos de Blank Paper son todos iguales, todos tienen el mismo estilo”. Ahora ya la gente es muy variada. Es necesarioque los propios alumnos tengan su criterio y decidir “en esto te escucho pero esto otro no me interesa tanto”. Cuando un alumno te dice “llegué queriendo saber editar imágenes pero ahora voy al museo del Prado y me planteo cosas que antes jamás me hubiera planteado”, eso no tiene precio. Más allá de hacer fotos les estás enseñando la manera de ver e interpretar su propia realidad. A los que son capaces de engancharse y valorarlo les has podido cambiar su vida.

Entonces, ¿las relaciones entre profesores y alumnos son complejas y la proyección e influencia son mutuas? ¿Ha de crearse una comunidad viva? Y esa comunidad,  ¿Ha de tener una repercusión en la sociedad? ¿Blank Paper ha logrado algo a este respecto? 

Fosi Vegue: Creo que el profesor tiene que ser como un artista renacentista, una persona que entienda el proceso fotográfico porque es autor y porque está constantemente trabajando con otros procesos vivos, que son los de sus alumnos, de los cuales es capaz de alimentarse también, por eso somos afortunados. Tiene que ser una persona que esté infatigablemente poniendo en duda lo que conoce y seguir investigando no sólo en las herramientas pedagógicas oportunas, si no también en los contenidos y en la forma de trabajar ésos contenidos. 

Arturo Rodríguez: En la Ilustración, se creaba e investigaba con el objetivo de que los resultados sirviesen a la sociedad al completo, en contrapunto al arte medieval y los artistas medievales, que producían obras muy especializadas y resultaban inaccesibles. Eso es algo importante que estamos haciendo mal a nivel global porque al final la fotografía y el arte se han convertido en un objeto orientado a grupos sociales con poder adquisitivo y unas necesidades emocionales concretas. Necesitaríamos recuperar ése espíritu creativo renacentista, con una didáctica que no sea sólo formativa si no que incite a los alumnos a que sus creaciones tengan un impacto en su sociedad y su realidad.

Fosi Vegue: Entonces igual el quid de la cuestión no es cómo tiene que ser un profesor si no en qué contexto debe estar ese profesor, es decir si tú estas hablando de una fotografía activa, que no alimente el mercado del arte etc., el profesor debería estar también en un centro infantil donde dar formación visual a niños que diariamente son bombardeados con imágenes. A lo mejor tú cómo profesor tienes que estar haciendo algún tipo de acción colaborativa con la imagen en un campo de refugiados.
Veo difícil que en el panorama en el que vivimos haya muchos alumnos que quieran aprender fotografía para utilizarla desde un punto de vista más activo. Cada vez menos, pero es cierto que un porcentaje altísimo de los alumnos que llegan a la escuela o de los trabajos que ves por ahí son tipo yo y mis circunstancias. La solución quizá sea que el profe sepa reconducirlo para que un trabajo, siendo localista, llegue a ser tan universal que lo pueda entender un chino, un turco o alguien sin formación específica. Lo que pasa es que todavía existe una especie de afectación artística: tienes que complacer al mercado, buscar su aplauso y el de una audiencia endogámica y formada. Nadie hace un libro pensando que lo van a regalar cuando en Ikea te compres un mueble o cuando vas a comprar el pan y el impacto que en otro contexto pueda alcanzar.

Arturo Rodríguez: En los cursos básicos lo primero que muestran los estudiantes son los reflejos primarios, cosas sencillas que quieres expresar y al final todos fotografían lo mismo y de la misma forma. Es casi como si fuese una consciencia colectiva y las escuelas de fotografía hasta ahora han estado trabajando en ése nivel, en el primer desarrollo visual del artista que utiliza la cámara para hablar de cómo ve el mundo. Quizás por eso las escuelas quedan obsoletas, tal vez ahora la didáctica evoluciona para enseñar no sólo a reflejar cómo vemos el mundo, si no para que la fotografía adquiera otro nivel de comunicación y otra importancia social.


Fosi Vegue: El alumno que sólo desea apretar el botón y hacer fotos, me parece un poco limitado, es respetable pero creo que tiene que ser una persona que esté en constante investigación e inquietud,  debería poseer una gran actitud e iniciativa y poder ampliar su campo de acción desde el comisariado, la gestión de proyectos expositivos, la creación de espacios para el desarrollo de la fotografía… Las siguientes generaciones han de crear las nuevas plataformas sobre las que hacer crecer nuestro entramado fotográfico. Lo entiendo como una especie de responsabilidad colectiva ineludible.  

Federico Clavarino: Hay un cierto aspecto de este trabajo que trata de encontrar maneras de sabotear el actual orden social, mediante la introducción de algún tipo de cuestionamiento. 
Hay un grupo grande de personas que se consideran progresistas, pero al final aceptan el discurso convencional, así como una cultura capitalista neoliberal dominante que es incuestionable en la mayoría de los contextos y a lo que las personas responden totalmente.
Tan pronto como empiezas a sacar estos problemas, tienes todo tipo de reacciones. Hay una misión que tiene algo que ver con el pensamiento crítico y defender lo creemos.  
Creo que hay obras en las que fotógrafos, artistas o escritores ofrecen posibilidades para el cambio social y a menudo lo hacen por criticar las prácticas socialmente aceptadas, aunque la mayoría de las veces funciona de forma diferente. 
Por ejemplo, existe cierta superficialidad en la forma en que se enseña fotografía en determinadas instituciones o escuelas privadas y tenemos que cambiar eso, tenemos que introducir la semilla de la duda.

Miren Pastor: Todas las clases tienen ese reto de ambición, de superarse, de mejorar. Es una realidad que se ve a la legua, cómo avanzan los alumnos, cómo los profesores disfrutáis cuando veis sus logros y cuando se presentan las proyecciones de fin de curso lo orgullosos que estáis de vuestro grupo, que es una cosa que la vivís de verdad. Ahora en comparación a cuando nosotros estudiábamos, es impresionante el nivel de las pequeñas publicaciones, vídeos y productos que van saliendo de las clases. Antes hacías una cosa para el final de curso, a modo de conclusión de todo un año. Ahora hay una necesidad de generar piezas, instalaciones, maquetas, fanzines... Veo más ligereza a la hora de producir.



Óscar Monzón: Esta es una de las partes importantes también, que no el 100% de la responsabilidad recaiga sobre el profesor si no también sobre el propio alumno. Si el alumno no quiere trabajar el profesor tampoco puede hacer milagros. Hay gente que le gustan las clases pero también otros te dicen “hoy no me hagas pensar más de la cuenta”. Si hay gente que viene a desconectar, igual no está en la escuela correcta, aquí los profesores nos entregamos pero necesitamos que los alumnos se entreguen también. 

Arturo Rodríguez: La didáctica del arte tiende a ser egocentrista por eso los profesores en ciertos momentos tendemos a ser predicadores. Ingeniería, arquitectura, mecánica… son didácticas más cercanas a la práctica, con un uso mayor de herramientas que exploran desde lo empírico conceptos menos subjetivos que el arte. Se trata de dominar herramientas, no de demostrar cómo ves las cosas o que un proyecto personal es bueno o malo, no hay subjetividades. 

Fosi Vegue: Imagino la escuela de fotografía ideal en la que no hubiera ninguna asignatura de fotografía, una escuela en la que jamás se hablara de fotografía. Tendrías un profesor ingeniero, filósofo, dramaturgo, bailarín, creador de videojuegos… Funcionarían como materias catalizadoras que sensibilizaran tu percepción hacia lo visual. De algún modo consiste en erradicar la imagen para llegar a un grado de concentración absoluto porque no se trata de enseñar a alguien una imagen y lo que pueda significar, sino ayudarle a sentir. La labor pedagógica tiene que pasar por la experiencia plena y hacer sentir más allá del conocimiento puramente fotográfico. La vida es más importante que la fotografía.

Iván del Rey de la Torre
Es profesor de Teoría del Arte y de Lenguaje Audiovisual en Blank Paper Escuela.

Ejemplar disponible en Yet Magazine.

 

 

 

Tags: Yet Magazine , formación fotográfica

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