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La fotografía es un videojuego

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Con esta foto tomada en Charleston, muy de actualidad, os recomendamos el documental sobre Robert Frank en Filmin… https://t.co/1LO4nJRBau

Artículos: Olmo González

28/10/16

La fotografía es un videojuego

 

Un momento, no he podido decir eso. Sí, lo he dicho, la fotografía es un videojuego. Tengo que dejar de decir tonterías. Vamos a ver cómo salgo de esta...

No voy a definir ni qué es la fotografía ni qué es un videojuego, pero entendemos que ambas cosas tienen que ver con lo visual y la interacción ¿no? A lo mejor hay que definir qué es la interacción, pero esto no va a ser un diccionario. Hablemos entonces de participación: 

En un videojuego PARTICIPAS, lo llevas a cabo. Si no, no hay partida. Tampoco creas el juego de la nada, todo estaba ahí, esperándote, aunque esté dirigido y programado.

Según Vilem Flusser, la fotografía también es un programa. Ya hablé de Flusser y no os quiero aburrir de nuevo, pero podemos afirmar que, para que tenga lugar una fotografía, tenemos que participar haciendo click ¿no?

Si no hacemos click, a lo mejor tiene lugar una fotografía en nuestra cabeza, pero no la verá nadie. Hay quien no quiere llamar a eso fotografía, si no quema plata o píxel, no cuenta. A lo mejor tampoco la verá nadie aunque disparemos una cámara de placas de 4x5 pulgadas, dicho ya de paso.

Me atrevo a decir que nuestra mirada está dirigida y programada, quizás de una forma indirecta... ¿De dónde viene el programa? De otras imágenes que vemos, puede ser ¿no? Desde cuadros, cine, TV, de nuestros profes de fotografía, de expos que vemos, de muchos libros de fotografías… De la arquitectura, de ir por la calle y mirar hacia donde hay algo iluminado en vez de a la zona de sombra, de no mirar porque todo es horrendo, de mirar pantallas que son más bonitas y brillantes que el cemento…

Final de la eurocopa 2016 con protestas bajo la Torre Eiffel de París tras una pantalla gigante

La fotografía parece un programa mucho más complejo que unas líneas de código de un videojuego en una pantalla. Parece incluso que se construye de forma mucho más colectiva que un programa para jugar en una consola. Pero esa programación tan aparentemente colectiva de la fotografía, o de la imagen en general, parece que tiene algunos canales más imponentes que otros, como puede ser la TV. Por lo menos sabemos que la ve mucha más gente que las fotos de tu cámara, que a lo mejor no miras ni tú.

Si la fotografía es un programa para participar con él, como son los videojuegos, ¿acaso entretiene? Pedirle entretenimiento a los videojuegos parece evidente, queremos desconectar, nos aburrimos y abrimos un programa con un juego para divertirnos y pasar el rato. Pero con la fotografía queremos hablar también de arte, de profundidad, de poesía, de reflexión, de muchas otras cosas que hoy en día parece que a nadie le interesan, salvo a los que nos hacemos cada día más viejos y viejas. 

Está claro que hay quien juega a la fotografía como si fuera un videojuego, se hace una foto, la comparte, mira la reacción de la gente, mira otras fotografías sin parar, una detrás de otra, sin aparente conexión, pero todas en un mismo contexto de pantallas brillantes donde todo el mundo PARTICIPA y se hace mas fotos, se establecen diálogos mediante imágenes.

prohibido fotografiar

Y quienes nos hacemos cada día más viejos y viejas, y no hablo de edad física sino más bien de un estado de ánimo, vemos a esa gente disfrutando y nos sentimos un poco fuera de foco. Incluso tratamos de burlarnos, sentirnos superiores con nuestro arte tan profundo. Pero da igual, ya no vamos a influir en esa gente que se lo pasa tan bien poniendo máscaras de perritos a sus selfies en snapchat, porque están dialogando y lo que comentan entre sí les divierte más que una pieza de arte que no les escucha, a la que no les pueden poner un me gusta o compartirla porque, vaya casualidad, en el museo de turno está prohibido fotografiar.

Habrá quien diga que ese diálogo imposible en el museo sí que sucede, pero en el interior de cada cual. Podemos estar de acuerdo, el problema es si se puede escuchar algo ahí dentro con el escándalo de gritos visuales de fuera. Es como ponerse a leer en una discoteca, a lo mejor no es el momento ni el lugar. Tampoco me vería con ganas de ponerme a leer viendo a todo el mundo bailando a mi alrededor, ni que fuera un mártir de la literatura ¡yo también quiero bailar, maldita sea!

No quiero ser un mártir de la fotografía, por eso me pregunto dónde puedo encajar, con mi mentalidad y forma de mirar tan vieja, en un mundo tan marchoso como el actual, donde no hay evento importante que no tenga asociada su oleada de memes, vines, gifs, vídeos en directo… Desde luego, nadie se pone a pintar un levantamiento del 2 de mayo como si fuera Goya, más que nada porque no le da tiempo a participar de la ola momentánea. Pasados los años, sí, habrá quien pinte un cuadro sobre el mismo tema, y lo exponga en un museo donde prohíban fotografiarlo porque será muy importante. Y seguiremos reuniéndonos alrededor del fuego en una caverna a mirar sombras en la pared y a pintar bisontes a los que llamaremos arte contemporáneo, site specific o lo que se lleve en ese momento. 

Pokemon go en un funeral

Lo que me preocupa es que fuera de la cueva habrá muchísima gente mirando sombras brillantes en sus fogatas portátiles y cazando bichos con nombres tan raros como Pikachu, Vaporeon o Squirtle, y se lo estarán pasando en grande mientras nos quejamos porque no aprecian la intensidad de nuestros bisontes.

Para salir de este entuerto, creo que voy a imaginar cómo sería, por ejemplo, un videojuego donde poder fotografiarlo todo. Ah, no que eso ya lo ha hecho Roc Herms. O voy a bucear por google street view como si fotografiara por mi calle. Tampoco, ya lo hizo Jon Rafman. Creo que mejor me abro cuenta en snapchat, que ahí les da igual si alguien ha hecho ya lo de la máscara de perrito.

 

Mariano Rajoy en snapchat

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