EXPOSICIÓN DE LEWIS BALTZ EN FUNDACIÓN MAPFRE | BLANK PAPER

EXPOSICIÓN DE LEWIS BALTZ EN FUNDACIÓN MAPFRE

Desde la escuela: Lorena Varela, alumna del Máster Blank Paper

3/4/17

EXPOSICIÓN DE LEWIS BALTZ EN FUNDACIÓN MAPFRE


Es la primera retrospectiva internacional del fotógrafo estadounidense Lewis Baltz, que en la segunda mitad del siglo XX reveló los suburbios que proliferaban en las afueras de las ciudades y el paisaje como territorio ocupado. Al visitar la exposición, Lorena Varela, alumna del Máster Blank Paper Desarrollo de Proyectos, más que intentar comprender lo que el autor quería mostrar con sus imágenes, trata de reflexionar sobre lo que éstas producen en ella:

"En la primera parte de la obra de Lewis Baltz, vemos como juega con paisajes periféricos, nos introduce en un mundo donde el paisaje entendido como algo bonito y estético, deja de tener sentido. Lejos de quedarme en lo puramente formal: la geometría, los fuertes contrastes del paisaje, casas humildes situadas en una zona industrial (…) comencé a hacerme preguntas… ¿Por qué no aparecen personas en sus imágenes? ¿Por qué trata la periferia y las zonas industriales como lugares vacíos, sin humanidad, sin vida aparente? 

La repetición de elementos como las ventanas, las chimeneas, las fachadas frontales, los paisajes hastíos (…) provocaban en mí curiosidad por saber cómo sería lo cotidiano en la periferia, cómo se comportaría la gente en esos lugares indiferentes, donde la vida se torna rutinaria, donde cada día sus habitantes dan los mismos pasos para sacar fuerzas y sobrevivir. Sale el sol, se abren las fábricas, entran los trabajadores, trabajan sus ocho horas, se acaba la jornada y vuelta a casa. Y así comienza un bucle infinito donde se asoma la desgana, el desinterés y la monotonía, originándose de esta forma, la monotonía.

Los días parecen iguales, al menos eso me reflejan las fotos del artista. A menudo creo que trata de hacernos meditar sobre las ciudades artificiales que hemos creado nosotros, los propios seres humanos.

Se estrenan de nuevo fábricas y más fábricas y se crean casas en esos polígonos industriales donde casi no hay rastro de lo humano. Paseos sin sentido, ruido, emisiones tóxicas (…) Me pregunto qué sienten las personas que habitan en estos lugares al observar su entorno a través de la ventana. ¿Vale realmente la pena un día en el mundo donde nada cambia? ¿Tienen esos individuos la oportunidad de que les suceda algo que modifique sus vidas mínimamente viviendo en la periferia?

A través de la deshumanización reflejada en la primera parte de la obra de Lewis Baltz, llegamos a otro punto donde cambia totalmente de estilo. Abandona entonces el blanco y negro y comienza a experimentar con un nuevo lenguaje fotográfico donde lo digital y las dominantes tungsteno de las primeras fotografías de esta época, hacen que te sumerjas en un mundo puramente tecnológico y robotizado donde el ser humano deja de pensar para convertirse en una máquina. Funcionamos a base de estímulos, internet nos absorbe, nos engancha, nos arrebata tiempo para reflexionar, nos nubla la mente viendo una pantalla que nos seduce con colores, estímulos, vidas perfectas (…) Comienza una nueva era, donde desgraciadamente notamos un drástico cambio en la sociedad. El mundo contemporáneo en el que vivimos, está repleto de sin sentidos. Hace unos días, leía un periódico en un bar y encontré un artículo donde una niña de quince años estaba internada en un centro de drogodependencia por ser adicta al WhatsApp. Se pasaba diecisiete horas al día pegada a su móvil e insultaba y empujaba a su madre cuando intentaba quitárselo. Decía que no podía vivir sin su teléfono. 

Inmediatamente después de ver las imágenes más recientes del artista, aquella noticia volvió a mi cabeza para provocar en mí una sensación de extrañeza al ver el mundo que nos rodea. ¿Tiene límites el uso de la tecnología o es ella misma la que nos está limitando a nosotros? Estamos dejando de pensar por nosotros mismos y de tener el control sobre nuestras propias decisiones. Me refiero por ejemplo a las decisiones de compra, a esos banners que nos asaltan cada vez que buscamos un producto por internet y que muchas veces estimulan su compra.

En la exposición he visto reflejada la idea de que la tecnología nos está deshumanizando, nos está haciendo menos sociables y más estúpidos a la hora de abordar ciertas situaciones. Citaba George Orwell en su libro 1984, que “lo más característico de la vida moderna no era su crueldad ni su inseguridad, sino sencillamente su vaciedad, su absoluta falta de contenido”. Y eso es justo lo que creo que está pasando. Cada vez somos más superficiales, más vacíos por dentro. Tenemos todo al alcance, todos los medios necesarios para profundizar en temas que nos interesen para crecer como personas y sin embargo somos más manipulables que nunca. Nos falta esa cultura del esfuerzo, de la constancia, de la perseverancia que tan presente está en la vida de generaciones anteriores a la nuestra.

Siento que el ser humando está acudiendo a un nuevo orden, a una nueva forma de concebir la realidad, el delito, el crimen, el mal, el bien. Una guerra totalmente relativista donde nada es verdad absoluta y donde todo cae cuestionado desde diferentes puntos de vista. Es la vuelta de lo relativo.

Por otra parte, el hecho de sentirnos vigilados cada vez que cruzamos la calle, cada vez que estás frente a tu ordenador y te preguntas ¿Me estarán grabando? Y si es así, ¿Qué queda de mi intimidad? ¿En serio debo considerar el hecho de tener que colocar una pegatina en la cámara de mi ordenador para sentirme más tranquila? Cuando me hago estas preguntas me siento profundamente incómoda y creo que ahora, somos menos libres que nunca".

 

Tags: Exposición de fotografía , Lewis Baltz , Fundación Mapfre

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